Inicio > Micromundos > ¿Son las blancas o las negras quienes triunfan en el ajedrez?

¿Son las blancas o las negras quienes triunfan en el ajedrez?

Keith Morant - Stratagem IHe de confesar que una razón primordial por la que juego al ajedrez se debe a la esperanza contradictoria de que algún día se aclare un enigma que no me abandona desde la niñez: ¿deben ganar las blancas o las negras? Es contradictoria porque si alguien o algo – ser humano o programa de computadora – pudiera responder a tal pregunta, ese acto implicaría el fin del ajedrez, el jaque mate último. Equivaldría a conocer la partida perfecta de ajedrez, aquélla donde las blancas aprovechan, al máximo total, su ventaja teórica de jugar en el primer movimiento y las negras hacen todo lo posible por minimizar esa ventaja en busca de la igualación o de revertir la situación para liberarse e imponerse: esa partida ideal en la que por fin sabríamos cómo terminaría el juego si ambos jugadores manipulan las figuras con una perfección matemática.

Por supuesto, ello acabaría con la emoción, el misterio y la incertidumbre del ajedrez. Pues los errores, no los peones, son el alma del ajedrez, al menos su alma humana y no abstracta. Por ello mismo, mientras una parte de mí ansía ver la solución al enigma, hay otra que rechaza ese día imaginario pues lo consideraría el final de una historia cuya pasión en parte consiste en la celebración del infinito potencial, en el riesgo de la concentración, en el cálculo sobre la niebla, que encierra una partida de ajedrez.

Tal vez sea inconcebible, por ahora, conocer la partida ajedrecística perfecta pero, dado que el ajedrez es un sistema formal con un número limitado (aunque abismalmente enorme) de configuraciones, su posibilidad lógica preexiste. No se podría descartar que tal vez alguien haya jugado alguna vez esa partida ideal, sin saberlo, o que algún programa, entre sus cálculos, haya dado con ella por mero azar digital, pero aunque así fuera, ello no bastaría, pues para que la encontráramos inteligible, requeriríamos conocer todas las justificaciones – variantes implícitas y razonamientos explícitos – que la encuadrarían como el juego perfecto, la obra ajedrecística que contiene las mejores jugadas posibles tanto del bando blanco como del negro, desde la primera hasta la última.

Cada quien tiene su hipótesis al respecto, y he leído o escuchado distintas especulaciones que ineludiblemente se mueven sobre terreno pantanoso. Las estadísticas y la teoría de aperturas siguen sugiriendo que son las blancas quienes, jugando correctamente, deben gozar de una ventaja que se ha de materializar hasta la victoria. Pero nada está escrito. En esa guerra de siglos, las negras siempre encuentran recursos para equilibrar la balanza y devolver el golpe infligido. No es casual que las formas de abrir el juego se denominen “defensas” para las negras y “aperturas” para las blancas. Las negras se defienden en su lucha tradicional, obligada y constante, por liberarse del hándicap que supone la ventaja inicial de las blancas.

Pero ninguna hipótesis me asombra tanto como aquélla en la cual son las negras quienes deben ganar la partida. John Watson la expone en su libro Los secretos de la estrategia moderna en ajedrez. Nos recuerda que la gran carrera de Bobby Fischer logró un salto importante cuando se dio cuenta de las auténticas posibilidades de victoria al jugar con las negras. Y pocos jugadores en la historia han sido tan agresivos como Gary Kasparov con las negras (recuérdese cómo jugaba, y ha de seguir jugando, la defensa India de rey o la Siciliana en la variante Scheveningen). Pero el punto central de su argumento observa que en muchas variantes de apertura las negras se benefician de conocer los planes de los blancas. Al ser el blanco quien comienza primero, el negro puede obtener información de hacia dónde quiere ir su oponente.

O citando al Gran Maestro Suba: El ajedrez es un juego de información completa, y la información de las negras es siempre mayor – ¡por una jugada!. Haciendo una comparación simplificada con el boxeo, dado que el blanco siempre tira el primer golpe, ese acto no sólo descubre una intención que el negro puede aprovechar, sino también deja inevitablemente expuesta una zona, un flanco, una debilidad. Si el blanco falla – y lo hemos visto en infinidad de partidas – son las negras quienes se hacen con el mando de la batalla.

Por fortuna, aún distamos a décadas, quiero creer, de conocer esa teórica partida ideal, y nos quedan tantas partidas de ajedrez humano – o informático – en donde perdernos laberíntica, memorablemente.
Pero sigo pensando que son las negras, contra viento y marea, contra todo pronóstico, estadística o teoría, quienes han de ganar su guerra milenaria a las blancas.

Categorías:Micromundos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. Aún no hay trackbacks