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Una civilización tras la ventana

Desde la reciente muerte de Claude Lévi-Strauss, presunto padre del estructuralismo (y digo “presunto”  porque él mismo afirmaba que realizaba dentro de las ciencias humanas un método que las ciencias naturales venían practicando desde siglos atrás) así como  antropólogo que cambió para siempre la faz de los estudios humanísticos, he vuelto a releer aquellos libros dentro de su obra que me han impactado e influido más. Lévi-Strauss sigue siendo para mí una esfinge que devuelve respuestas inevitablemente conducentes a cuestiones tan anchas y desconocidas como las mismas regiones geográficas y espirituales que visitó este incansable viajero al que sin embargo le disgustaban los viajes.

Después de haberse internado en las zonas externas a Occidente y descender a las capas geológicas que sedimentan  la cultura humana, Lévi-Strauss pudo construir un mapa mental, de complejidades  herméticas y desafiantes, sobre la mitología, los ritos, el arte, la naturaleza y las relaciones humanas, en una construcción totalizante que aún estamos desentrañando como si una civilización extraña, conformada con los rasgos de la nuestra, hubiera descendido a tierra para legarnos sus constelaciones de signos y las arquitecturas de su lógica . Sin embargo, él nunca se cansó de insistir que su ingente esfuerzo sólo preparaba el advenimiento para unas ciencias humanas aún por nacer, apenas entrevistas, sumidas en el horizonte del futuro.

Transcribo unos párrafos del último capítulo de su primer libro, “Tristes trópicos”, en donde me parece escuchar cierto aliento cósmico de poeta entre  las vibraciones cristalográficas de su inteligencia.

Los hombres han hecho tres grandes tentativas religiosas para liberarse de la persecución de los muertos, de la malevolencia del más allá y de las angustias de la magia. Separados por el intervalo aproximado de medio milenio, han concebido sucesivamente el budismo, el cristianismo y el Islam; y asombra que cada etapa, lejos de marcar un progreso sobre la precedente, muestre más bien un retroceso. No hay más allá para el budismo; allí todo se reduce a una crítica radical, como nunca más la humanidad será capaz de hacerla, al término de la cual el sabio desemboca en un rechazo del sentido de las cosas y de los seres: disciplina que anula el universo y que se anula a sí misma como religión. Cediendo nuevamente al miedo, el cristianismo restablece el otro mundo, sus esperanzas, sus amenazas y su juicio final. Al Islam no le queda más remedio que encadenar éste a aquél: el mundo temporal y el mundo espiritual se encuentran reunidos. El orden social se adorna con los prestigios del orden sobrenatural, la política se vuelve teología. Al fin de cuentas, se han reemplazado espíritus y fantasmas, a quienes la superstición no llegaba a dar vida, por maestros demasiado reales, a los cuales se les permite, además, monopolizar un más allá que agrega su peso al peso ya aplastante del aquí.

[…]

Que Occidente se remonte a las fuentes de su desgarramiento: interponiéndose entre el budismo y el cristianismo, el Islam nos islamizó cuando Occidente se dejó llevar por las Cruzadas, oponiéndose a él y entonces imitándolo en vez de entregarse  – si el Islam no hubiese existido – a una lenta ósmosis con el budismo, que nos hubiera cristianizado más y en un sentido tanto más cristiano cuanto que nos habríamos remontado más allá del mismo cristianismo. Entonces fue cuando el Occidente perdió su oportunidad de seguir siendo fecundo.

[…]

Desde que comenzó a respirar y a alimentarse hasta la invención de los instrumentos termonucleares y atómicos, pasando por el descubrimiento del fuego – y salvo cuando se reproduce a sí mismo – el hombre no ha hecho nada más que disociar alegremente millares de estructuras para reducirlas a un estado donde ya no son susceptibles de integración. Sin duda, ha construido ciudades y ha cultivado campos; pero, cuando se piensa en ello, esas realizaciones son máquinas destinadas a producir inercia a un ritmo y en una proporción infinitamente más elevados que la cantidad de organización que implican. En cuanto a las creaciones del espíritu humano, su sentido sólo existe en relación con éste y se confundirán en el desorden cuando haya desaparecido.

[…]

Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y que exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible permanecerá, mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación  – a falta de recorrerlo – procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de desprenderse y que consiste – ¡adiós salvajes! ¡adiós viajes! – durante los breves intervalos en que nuestra especie soporta suspender su trabajo de colmena, en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato.

Claude Lévi-Strauss

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Categorías:Pretextos literarios
  1. 26 noviembre 2015 en 4:53 pm

    La manera en que nos presentas a Claude Lévi-Strauss es magnífica. Me hace desear saber más acerca suyo; aunque no esté muy de acuerdo con su perspectiva, en el fondo de mi, sé que tiene razón. Y que es justamente ese “trabajo de colmena” lo que ha creado la sociedad en la que me formé y que si no retomo el camino hacia ella, seré una marginada social.
    Excelente tu planteamiento, es altamente nutritivo.

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