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Archive for the ‘Espejeos’ Category

La señal

6 noviembre 2015 1 comentario

Ghost bride

 
 
 

Después de prometerse amor más allá de la vida, sellaron en un contrato firmado con su sangre el juramento de avisar al otro que la existencia continúa más allá de la muerte, quien fuera de los dos que partiera primero, esbozando cualquier signo, dejando algún rastro que el otro pudiera interpretar, tal vez ambigüo y borroso pero reconocible. Pasaron tres décadas y ella falleció, aunque él no se acordó de aquel antiguo juramento de juventud, extenuado como estaba por un dolor que condenaba todo futuro.
Una tarde, mientras desempolvaba viejos cajones, encontró el pliego amarillento en que ambos jóvenes se habían mirado arrobados como a través del espejo de la muerte, desde una primavera oscurecida por los años. Leyó el texto, más con una sensación de confinamiento o destierro, de lejanía infranqueable hacia otras épocas, que con apagada nostalgia. Al pie de página, encontró su propia firma de un rojo quebradizo, como polvo adherido en una forma caprichosa. Pero por mucho que buscó, no encontró la rúbrica de ella.

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Categorías:Espejeos, Micromundos

Tres momentos de Henri Michaux

3 abril 2010 1 comentario

Hasta el borde de la adolescencia, él formaba una bola hermética y autosuficiente, un universo denso, personal y turbio, donde nadie entraba, ni padres, ni afectos, ni ningún objeto, ni su imagen, ni su existencia, a menos que no se sirvieran de esto contra él. En efecto, le detestaban, decían que nunca llegaría a ser hombre. Sin duda, estaba destinado a la santidad. Su estado era ya de los más raros. Se mantenía, como se suele decir, con nada, sin debilitarse jamás, existiendo en su más pequeña debilidad, pero encerrado, y sintiendo pasar en él grandes trenes de una materia misteriosa.

Plume

En el sueño me parece que nunca he aprendido lo que enseña la edad. No sé qué edad tengo. Ninguna referencia a este asunto. Y así me encuentro ordinariamente al despertar, sin edad.
En el sueño, simplemente soy. Vivo “actual” en una permanente actualidad. Apenas sí hay un “más tarde”, y justo lo preciso de “antes” para que pueda existir ese “ahora” en el cual vivo, al que asisto.
El hombre de noche en mí no ha aprendido y no sabe que
mi situación ha cambiado. Al despertarme por la mañana o en el curso de la noche el desfase es extraordinario entre el individuo que comúnmente soy de noche y el que llego a ser de día y que funciona, vive y experimenta con maneras y un estilo sensiblemente diferente.

Modos del dormido, modos del que despierta

No me den por muerto porque los diarios hayan anunciado que ya no estoy. Me haré más humilde de lo que soy ahora. ¡Qué remedio! Cuento contigo, lector, contigo que me leerás algún día, contigo, lectora. No me dejes solo entre los muertos como un soldado en el frente que no recibe cartas. Elígeme entre ellos, por mi gran ansiedad y mi gran devoción. Háblame entonces, te lo ruego, cuento con ello.

Ecuador


Henri Michaux

Categorías:Espejeos, Micromundos

En una página perdida de K.

19 marzo 2010 Deja un comentario

Es perfectamente imaginable que la magnificiencia de la vida esté dispuesta, siempre en toda su plenitud, alrededor de cada uno, pero cubierta con un velo, en las profundidades, invisible, muy lejos. Sin embargo está ahí, no hostil, no a disgusto, no sorda, viene si uno la llama con la palabra correcta, por su nombre correcto. Es la esencia de la magia, que no crea, sino llama.

Franz Kafka, Diarios, 1921.

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Luz helada

14 septiembre 2009 Deja un comentario
Y por qué no buscar los anchurosos espacios desolados, las regiones no tocadas por la palabra, donde sólo escuchas al viento hendir las aguas, rugir entre las rocas, resonar durante milenios una armonía desconocida
¿Por qué no ir hacia los mares helados donde parece que Dios se abisma, se pierde, se une con su creación?
Ahí desapareces silencioso en una voz que ya no recuerdas, en un soplo de tiempo, en un rostro sin facciones que te conoce desde antes que existieras.
Ahí te aguarda el mineral y el agua, las blancas hondonadas del cielo y la nieve sobre las rocas.Surreal light
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Segunda temporada

28 junio 2009 Deja un comentario

Por razones personales había abandonado esta bitácora – si se le puede llamar así – y hasta me había figurado que no volvería a ella en bastante tiempo. Mucho tenía que ver el hecho de que, sin haberme alejado de la literatura, había una renuencia a continuar hablando por aquí de cuestiones literarias. No estoy en contra de los contenidos literarios en páginas electrónicas; por el contrario, de no ser por Internet me habría perdido de tantos descubrimientos, redescubrimientos y búsquedas fructuosas o estériles (también cuentan estas últimas, pues el placer de la búsqueda encuentra joyas en el camino).

Eso para no hablar de la música que podemos encontrar con un poco de paciencia. Sin embargo, algo que está como por debajo, a contrapelo o por las orillas – manía de situar las ideas como si así se volvieran menos inasibles – me sigue diciendo que estos nuevos medios han generado otras formas de expresión verbal que a su manera rompen con la experiencia literaria  de  los libros, así como ofrecen perspectivas multimedia e hipertextuales desconocidas por la página impresa. Aún hacen falta estudios sobre este campo virgen. La literatura sólo se revela en el contacto silencioso y paciente, no por arduo menos placentero, tan reflexivo como crítico, del libro y su lector, ambos seres cambiantes, ambos sin decir nunca la última palabra.

Por otra parte, el espacio electrónico tiene algo de acústico y resonante en todas las direcciones que recorremos. Parafraseando a McLuhan, hablamos de un espacio “táctil”, aunque  lo que aparezca en nuestras pantallas tenga la consistencia de un sueño que podemos tocar antes de que se desvanezca y otro cobre forma cuando nos lancemos a otro sitio, otra galería, otra película, otro hipertexto. Un libro, al menos un buen libro, nos exige una atención exclusiva, concentrada, en ese tiempo paralelo que nos promete un adentramiento  y una transmisión  desde otra mente. No niego que esa experiencia también por aquí se pueda lograr, pero es mucho más fragmentaria y está invadida por los ecos múltiples y las señales distractoras  de esta aldea digital que no descansa jamás.

Así que – dudo en lamentarlo o festejarlo – pero por ahora todo me indica que la literatura, en este espacio virtual que hemos creado y retroalimentamos  a cada segundo, es una expresión prominente, pero una entre otras. El sonido artificial, la imagen visual y  las expresiones verbales de otra índole, así como la crucial experiencia de compartir en tiempo real un acervo creciente, teóricamente a disposición para su lectura y comentario de quien se conecte, demuestran que Internet es el espaciotiempo de una experiencia sensitiva más allá de la literatura. No sólo mental e impersonal, sino sensorial y colectiva en elevado grado.

Por lo tanto, renuncio a que esta bitácora continúe en exclusiva su tendencia literaria y de tono impersonal. Un descubrimiento que puede hacer cualquiera consiste en que lo personal nunca lo es del todo: insistiendo en el lenguaje, cualquier historia o reflexión personal encuentra su cauce para el acceso a lo impersonal y colectivo.
Se abre la segunda temporada.

 

Sweet song of the sea.

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Conservada en el tiempo, una joya de las sombras

11 septiembre 2008 1 comentario

Δώρια

Sé dentro de mí como el ánimo eterno
de los vientos yermos, y no
como las cosas transitorias,
alborozo de las flores.
Guárdame en la poderosa soledad
de los precipicios alejados del sol
y de las aguas grises.
Deja que los dioses musiten de nosotros
en los días del mañana que vendrá
y las rosas oscuras del inframundo
conserven tu memoria.

Ezra Pound

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En busca del caso de un violinista

4 septiembre 2008 Deja un comentario

Estamos buscando una historia de Dostoyevsky en que hay un violinista borrachín, que se jacta de músico genial en su pueblo, aun cuando su talento no sobrepasa la medianía, y la historia quiere que sufra una catástrofe egolátrica: un violinista de la capital visita su perdida provincia y ofrece un recital maestro al que nuestro violinista de pueblo asiste, invitado de honor aunque el recital le depare un íntimo deshonor. En cuestiones de ejecución instrumental, no hay lugar para apreciaciones relativas: todo ejecutante experto sabe reconocer la superioridad técnica, el virtuosismo que no necesita argumentos, el fuego transparente de una interpretación precisa y sin titubeo.
El virtuosismo del violinista capitalino deslumbra a nuestro pueblerino y basta para aplastarle, al grado de que a partir de ese momento se irá derrumbando, como si la presentación del concertista hubiera sido la ocasión de revelar un lado fatal, una grieta oculta, el cimiento de aire en que se apoyaba toda su postura ante sí y ante el mundo.
Hay historias que molestan mucho porque tocan cierto nervio quijotesco que todos, para bien o para mal, exponemos de cuando en cuando. No hay artista que, a su manera, no sea cierta sátira viviente de su ideal, incluyendo al mismo Dostoyevsky.

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