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Archive for the ‘Micromundos’ Category

La pregunta de K. Dick

19 febrero 2016 2 comentarios

 

Ubik - K Dick

Una llamada telefónica normal es capaz de generar su propia paranoia, pues ¿cómo sabemos quién está realmente al lado de la línea? ¿Qué es lo que recibimos sino una voz sin cuerpo, producida a través de ondas electrónicas y circuitos analógicos, y que podría ser simulada en sus detalles precisos y matices diferenciables?
Se dice que Philiph K. Dick sometía a sus amigos a periódicos tests para comprobar que fueran ellos quienes llamaban y no extraterrestres, demonios, agentes de la CIA o simulacros, haciéndoles preguntas cuyas respuestas confirmaran su identidad. El tema de la identidad, su naturaleza inapresable y no obstante su téorico suplantamiento, tuvo repercusiones y variantes tan memorables como pesadillescas a lo largo de su obra. Tanto le obsedía, que llegó a someter a Dios a uno de sus tests.
Le ocurrió durante un sueño en que, según afirma, Dios se le reveló, pero Dick deseaba estar seguro de haber sido visitado por la omnipotencia divina. Así que formuló una pregunta a la altura de las circunstancias, que la presencia divina respondió, dejando a Dick con la total certidumbre de no haberse dejado confundir por las corrientes del sueño y sus fabricaciones numinosas.
Pero al día siguiente, Dick había olvidado por completo cuál era la pregunta; por más que quiso recordarla, fue en vano.
Ahora otra pregunta: ¿es posible concebir una pregunta cuya respuesta podría “delatar” a Dios? Creo que tal pregunta es imposible. Me explico: los gurúes, los iluminados, los charlatanes, los adivinos, suelen asombrar porque en apariencia saben cosas que no podrían saber: trafican con aquello que está más allá de lo perceptible para nuestras limitaciones. La pregunta de K. Dick sólo podría ser respondida ya no con algo desconocido que sin embargo pueda ser conocido por el ser humano (la demostración o refutación de la Conjetura de Goldbach, por ejemplo, o todos los volúmenes que se perdieron en la biblioteca de Alejandría o el número de veces que está destinado a latir tu corazón), porque ello revelaría a un ente de sabiduría superior  – alguien por encima de la genialidad o con poderes de videncia, o procedente del futuro o de una civilización alienígena más avanzada, etcétera -, pero no necesariamente a Dios.
Tal respuesta tendría que conformar un conocimiento que sólo Dios pudiera poseer y que al momento de ser transmitido al ser humano, éste pudiera comprenderlo, o sea, confundirse con el ser divino.  No sabemos si K. Dick vio a Dios, como legendariamente pretendía, pero la pregunta que le formuló es, creo yo, inconcebible al menos en términos racionales. Queda lo místico, que Wittgenstein describía así: “lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo”. O en otras palabras suyas: “El enigma no existe. Si una pregunta puede siquiera formularse, también puede responderse”. Pero K. Dick hablaba de una pregunta que no puede siquiera formularse, y quizás sólo sería entrevista en la fiebre del delirio, en los sueños lúcidos, en el trance místico. Fuera de ahí, imaginamos y callamos.

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La señal

6 noviembre 2015 1 comentario

Ghost bride

 
 
 

Después de prometerse amor más allá de la vida, sellaron en un contrato firmado con su sangre el juramento de avisar al otro que la existencia continúa más allá de la muerte, quien fuera de los dos que partiera primero, esbozando cualquier signo, dejando algún rastro que el otro pudiera interpretar, tal vez ambigüo y borroso pero reconocible. Pasaron tres décadas y ella falleció, aunque él no se acordó de aquel antiguo juramento de juventud, extenuado como estaba por un dolor que condenaba todo futuro.
Una tarde, mientras desempolvaba viejos cajones, encontró el pliego amarillento en que ambos jóvenes se habían mirado arrobados como a través del espejo de la muerte, desde una primavera oscurecida por los años. Leyó el texto, más con una sensación de confinamiento o destierro, de lejanía infranqueable hacia otras épocas, que con apagada nostalgia. Al pie de página, encontró su propia firma de un rojo quebradizo, como polvo adherido en una forma caprichosa. Pero por mucho que buscó, no encontró la rúbrica de ella.

Categorías:Espejeos, Micromundos

En el día de muertos

6 noviembre 2015 1 comentario

Blackbird

Lo que divierte de la época de Halloween es observar una sátira carnavalesca de figuras clásicas del terror cuya misma popularidad ha enterrado sus orígenes y las ha convertido en esperpentos de feria, rebajados a simulacros y agentes mecánicos de un miedo fingido y abaratado por la cretinez y el mal gusto. Hasta las mismas historias de fantasmas que suelen contarse no impactan más allá de la mera risa cómplice que aparenta descubrir lo ya tantas veces repetido como el algodón de azúcar que no sacia por su misma falta de sustancia.
Pero el horror que no requiere de caricaturas, ni disfraces, ni palomitas de mantequilla, permanece en silencio, como un asesino murmurando su plegaria sonriente por lo bajo y entre las sombras, esperando a que el festival de los disfraces se consuma en su propio artificio de plástico y reflectores, para volver a las regiones donde lo abandonado, lo expulsado, lo perdido, siguen respirando a ras de la tierra.

Categorías:Micromundos

Blog tragado por Facebook como Jonás por la ballena

24 julio 2015 5 comentarios

Rain (2)

Así es, por desgracia, y ni siquiera deseo verificar la fecha de mi última aportación a este modesto blog que casi nadie lee, si acaso alguno que otro fiel (e hipócrita) lector, porque se cubriría mi rostro de arrebolada vergüenza. Increíble, pero ocurrió lo que más temía, pues dicen algunos que el miedo y el deseo van de la mano: terminé compartiendo todos mis textos u ocurrencias o despropósitos o naderías o hasta desfiguros para Facebook, y en menor medida para Twitter. En cuanto al correo electrónico, hay ratos que pareciera pertenecer a cierta prehistoria. ¿Qué habrá pasado? ¿En dónde perdí la fe por mi blog? ¿Cuándo extravié el camino y no volví a estos apuntes que en su momento eran de cada día? Ni siquiera deseo ver la estadísticas de visitas, que de por sí nunca fueron muchas y ahora deben tender al cero.
Podría hablar aquí bastante sobre la peculiar forma que tiene Facebook de hacerte adicto – ya lo haré en su momento. Como tantos productos superfluos, ha sabido crear la necesidad y luego venderla. Pero creo que por aquí y por allá en esta semiosfera internética se ha hablado mucho de ello, así que por hoy no agregaré más arena a playa tan desierta. Salvo que, en mi caso, ¡oh, incierto lector!, deseo decirte que espero renovar este sitio, con la fe de propiciarle una tercera temporada. Esta vez, con un enfoque distinto al que se había mantenido. Ojalá las redes del Facebook no terminen por paralizarme a la hora de frecuentar este blog tan abandonado por su ingrato dueño que vuelve al redil como el hijo pródigo o la oveja descarriada.

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Metamorfosis de los espejos

4 octubre 2010 3 comentarios

Inversión de los espejos

Una interpretación falaz, pero apta para  propósitos literarios o fantásticos, ha deseado que los espejos inviertan la izquierda y la derecha de los objetos que reflejan. Parece evidente que al colocarse frente a un espejo, la mano derecha se vuelve la izquierda en el reflejo, mientras que la izquierda se vuelve derecha, pero ello revela menos una aparente anomalía en los espejos que su poder para impactar nuestras mentes con la posibilidad imaginaria de transfigurarse en acceso a otra realidad. La anomalía  toma aires de paradoja cuando nos preguntamos por qué un espejo no invierte de arriba abajo, en lugar de hacerlo con la  izquierda y la derecha, pero desaparece cuando reflexionamos en lo que realmente hace un espejo: nunca invierte de izquierda a derecha, sino el  frente y el detrás. Todos los objetos y  el espacio que refleja un espejo son invertidos  perpendicularmente con respecto a la superficie, de tal forma que cada punto del espacio es reflejado en el espejo como si fuera reordenado en dirección opuesta a nuestra mirada: un efecto óptico de los rayos de luz que el espejo nos regresa en un sentido contrario.

Al vernos reflejados, suponemos que de alguna forma estamos “adentro” y al imaginarnos así la mente va aun más lejos y supone que la izquierda y la derecha se han intercambiado. El espejo ha creado entonces un espacio que es como una inversión de la profundidad tridimensional, un contra-espacio en el que todo se ve exactamente igual, salvo por el hecho de que tal inversión altera las relaciones que percibimos como normales entre los objetos. Si mi reflejo se mueve, lo hace en dirección contraria. Si coloco unas letras delante, el espejo las vuelve de revés. El anti-espacio creado  es perfecto y no deja de provocarnos una impresión de error invencible y sutil.

– Si te interesa, continúa por aquí>

Tres momentos de Henri Michaux

3 abril 2010 1 comentario

Hasta el borde de la adolescencia, él formaba una bola hermética y autosuficiente, un universo denso, personal y turbio, donde nadie entraba, ni padres, ni afectos, ni ningún objeto, ni su imagen, ni su existencia, a menos que no se sirvieran de esto contra él. En efecto, le detestaban, decían que nunca llegaría a ser hombre. Sin duda, estaba destinado a la santidad. Su estado era ya de los más raros. Se mantenía, como se suele decir, con nada, sin debilitarse jamás, existiendo en su más pequeña debilidad, pero encerrado, y sintiendo pasar en él grandes trenes de una materia misteriosa.

Plume

En el sueño me parece que nunca he aprendido lo que enseña la edad. No sé qué edad tengo. Ninguna referencia a este asunto. Y así me encuentro ordinariamente al despertar, sin edad.
En el sueño, simplemente soy. Vivo “actual” en una permanente actualidad. Apenas sí hay un “más tarde”, y justo lo preciso de “antes” para que pueda existir ese “ahora” en el cual vivo, al que asisto.
El hombre de noche en mí no ha aprendido y no sabe que
mi situación ha cambiado. Al despertarme por la mañana o en el curso de la noche el desfase es extraordinario entre el individuo que comúnmente soy de noche y el que llego a ser de día y que funciona, vive y experimenta con maneras y un estilo sensiblemente diferente.

Modos del dormido, modos del que despierta

No me den por muerto porque los diarios hayan anunciado que ya no estoy. Me haré más humilde de lo que soy ahora. ¡Qué remedio! Cuento contigo, lector, contigo que me leerás algún día, contigo, lectora. No me dejes solo entre los muertos como un soldado en el frente que no recibe cartas. Elígeme entre ellos, por mi gran ansiedad y mi gran devoción. Háblame entonces, te lo ruego, cuento con ello.

Ecuador


Henri Michaux

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En los laberintos del ajedrez gótico

19 marzo 2010 1 comentario

El ajedrez gótico – el cual proviene de una innovación patentada por quien fuera campeón mundial de ajedrez, el cubano Raúl Capablanca – se juega con todas las reglas del ajedrez, salvo por el hecho de que el tablero aumenta en dos columnas a fin de crear espacio para dos nuevas figuras: el canciller (que mueve como torre y caballo) y el arzobispo (como alfil y caballo). Ambas figuras complementarían combinatoriamente a la dama, la cual, como sabemos, mueve como alfil y torre y sigue siendo la pieza más fuerte incluso en esta modalidad de juego.
Después de haber estado jugando un tiempo contra un programa de ajedrez gótico, encuentro las siguientes ventajas:
– Se produce un juego más agresivo, táctico y con frecuencia sorprendente.
– Casi no hay teoría del ajedrez clásico que funcione en este nuevo ajedrez, o muy limitadamente.
– Las dos nuevas piezas enriquecen el campo de la estrategia a un grado inexplorado.
– Se puede experimentar bastante en el terreno de aperturas.
– Los finales suelen elevar la fantasía del ajedrez clásico a alturas paradójicas. Por ejemplo, aunque el arzobispo mueve como alfil y caballo, es capaz de vencer a un alfil y caballo que intentan defender a su rey.

Capablanca creía que el gótico sería el ajedrez del futuro y lo consideraba más apasionante que el clásico.
Las desventajas para mí – pero también pueden resultar ventajas, depende cómo se le vean – consistirían que se siente un exceso de pieza fuertes, la complejidad aumenta a niveles agotadores y se pierde la simetría del ajedrez clásico (la dama y el rey en el centro, con sus piezas menores a los lados, mientras que el tablero ya no es de 8 x 8, sino de 10 x 8). Pero vale la pena intentar algunas partidas góticas, siquiera para apreciar su extrañeza y complejidad tanto como su familiaridad con el ajedrez clásico.
Para descargar una versión del programa, aquí:

http://www.gothicchess.com/vortex.zip

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